Tierra del canto: primer recorrido por la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán

Cerros rojizos y vegetación de matorral en la Cañada, dentro de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán

Los días 4 y 5 de septiembre de 2026, integrantes del grupo de turismo comunitario del ITO hicieron un primer recorrido exploratorio por comunidades de la Cañada que forman parte de la Reserva de la Biosfera Tehuacán-Cuicatlán: Santiago Dominguillo, San José del Chilar, San Juan Bautista Cuicatlán y Santiago Quiotepec. El recorrido sirvió para delimitar las áreas de estudio de la investigación de Ana Patricia Hernández López sobre turismo comunitario y desarrollo regional en la reserva, que se presentó días después en el Seminario de transformación territorial 2026.

El camino

Desde la entrada a San Francisco Telixtlahuaca, el paisaje cambia pronto: los órganos tapizan las laderas, la carretera abraza los cerros y, de un lado, se abre una cañada árida pero fértil, con asentamientos humanos al fondo y montañas cubiertas de vegetación a lo lejos.

San José del Chilar

En San José del Chilar está el comedor y las cabañas El Chilar, un lugar que combina con el paisaje. Su encargada nos contó que durante la temporada de avistamiento de guacamayas las cabañas se llenan, sobre todo con visitantes extranjeros, y que hacen falta más; en Semana Santa llegan visitantes de la región a disfrutar el río, y en mayo la cosecha de mango atrae una gran variedad de aves.

En el recorrido, las personas que nos recibieron hablaron con orgullo de la riqueza natural de la reserva, inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO: sus especies endémicas, la diversidad de cactáceas y el monitoreo de las guacamayas que hacen los propios pobladores. También expresaron su preocupación por la extracción de arena del río.

San Juan Bautista Cuicatlán, «tierra del canto»

En la Casa de la Cultura de Cuicatlán, una de las pocas de la región que siguen funcionando, una profesora nos compartió parte de la historia del lugar. Cuicatlán significa «tierra del canto» o «tierra de cantores» (Iva Cú en la lengua propia), por la riqueza de sus aves, como el cenzontle y la tortolita, y porque los pueblos vecinos contrataban a cantores de aquí para sus fiestas.

Nuestra gente hacía sus casitas con carrizo y con lodo de la tierra… por eso le llamaban Cuicatlán, «tierra de canto». Y la lengua es muy diferente al mixteco, tiene sus propias variantes.

Profesora de la Casa de la Cultura de Cuicatlán

La lengua de la región es el cuicateco, distinta del mixteco, el mazateco y el chinanteco, con variantes según el municipio; todavía hay comunidades de hablantes en la región. En julio de este año, Cuicatlán participó en la Guelaguetza con una presentación en su lengua. La Casa de la Cultura investigó y recuperó la indumentaria de las fiestas patronales —faldas floreadas, refajos, pañoletas de satín, camafeos, huaraches de cuero, aretes, collares y peinados con trenzas— y mantiene el baile y canto de la tortolita, que se baila y se canta al mismo tiempo.

En la cocina destaca el chile chilhuacle, endémico de la Cañada y de picor suave. Según su maduración tiene distintos usos: verde se come asado con frijoles; amarillo o rojo va en el chile caldo, platillo de fiesta que celebra la buena cosecha con tres carnes —res, cerdo y pollo—, calabaza támala y ejote; y maduro y seco es la base del mole negro.

En el campo se produce sobre todo limón, mango, papaya, melón, sandía, jitomate y berenjena. Durante décadas, la economía local dependió del comercio que generaba el ferrocarril; fue la época de mayor auge del mango y de mayor movimiento hacia la cabecera municipal.

Santiago Quiotepec

La mañana del 5 de septiembre llegamos a Santiago Quiotepec. Por las actividades de los comuneros no fue posible visitar su centro ecoturístico, pero desde la entrada se aprecian el río y los cerros de forma puntiaguda que distinguen al lugar.

Dentro del pueblo, las casas conservan técnicas de construcción tradicionales: muros de adobe, puertas de madera, asientos construidos afuera, corredores que dejan pasar la brisa y techos de madera y teja. Los murales combinan sus colores con el café de los adobes.

Lo que deja el recorrido

Este primer viaje permitió definir las áreas de estudio y confirmó la importancia de estar en el territorio y conversar con la gente. En la región conviven una gran riqueza natural y los desafíos del desarrollo actual: mientras la danza, el canto, la vestimenta tradicional y la cocina del chilhuacle viven un proceso activo de recuperación, la economía local se reacomoda ante el aislamiento que dejaron las nuevas rutas carreteras y la falta de apoyo institucional. El compromiso comunitario es una de las mayores fortalezas de la región, y se refleja en su turismo comunitario.

Relatoría: Ana Patricia Hernández López. Fotografías: Ana Patricia Hernández López y Marcos Pedro del Carmen Ramírez López (cabañas de El Chilar). Por privacidad, la nota no incluye los nombres de las personas que conversaron con el equipo.